sábado, 12 de julio de 2014

NOS VOLVIMOS A ENCONTRAR

Por Jefferson Valdivia

Aprovechando mis días inesperados de vacaciones, decidí salir un rato de mi casa. Era temprano en la mañana, como era de costumbre, sigo teniendo dificultades para dormir placenteramente como muchos, a los cuales envidio, que tranquilamente pueden pasar días durmiendo y aún con todo siguen teniendo sueño.

Recordé que tenía algunas cosas pendientes que hacer, entendí a su vez que no podía desaprovechar estos días libres ya que probablemente no los volvería a tener hasta el otro año. Desayuné sanamente, corrí por quince minutos, me di un duchazo y me dispuse a salir.

El centro de Lima era mi lugar de destino, aquel lugar por el que tantas veces había pasado y que por primera vez me detenía a ver y contemplar en cada una de sus calles, unas más agradables que otras como es de conocimiento general. Esconde tanta historia y vida en sus avenidas que resulta curioso el estado actual, ciertamente estrepitoso, en el que se encuentran sus rincones.

sábado, 14 de junio de 2014

Tres días en Cuzco

Por Jefferson Valdivia

Muchas veces me he preguntado porque anteriormente cuando tuve la oportunidad de ir a Cuzco no lo hice. Pasaron cerca ya de 23 años y aún la pregunta no encontraba respuesta.
Junio del 2014. Seguramente venía atravesando los mejores momentos hasta ahora en mi vida profesional. Disfrutaba mi trabajo, me gustaba lo que hacía y me empeñaba por seguir haciéndolo de esa manera, pero algo más pasaba. Había algo más que a pesar de estar pasando por un buen momento a mi corta edad  me dejaba un sinsabor que me hacia sentir una nostalgia repentina, por alguna extraña razón me sentía fuera de mi mismo, sentís que las cosas no estaban bien a pesar de aparentemente estarlo.
El viaje a Arequipa seguramente me ayudo a encontrar esa respuesta; mi vida se estaba manejando de una manera desordenada. Tenía 22 años y llevaba el ritmo de vida tan acelerando que por momentos creía tener más. Solía aplacar mi estrés fumándome un cigarrillo, teniendo una vida de full juergas y diversión los fines de semana, no me detenía por nada del mundo. De lunes a domingo tenía los cerca de 24 horas diarias en su mayoría, llenas de actividad.

sábado, 26 de abril de 2014

CRONICA DE CEREMONIA DE GRADUACION- PARTE II (31/01/2014)

Por Jefferson Valdivia


Meses, semanas, días y horas antes de la ceremonia uno suele imaginar el momento, uno cree saber qué es lo que puede haber y que es lo que puede encontrar, pero llegado el momento no hay punto de comparación, no hay palabras exactas que puedan definir un momento así. A medida que el telón se iba desplegando, los latidos de mi corazón, y el de mis compañeros creo yo, se iba acelerando a cantidades sorprendentes no sé si por el exceso de café que ingerí para permanecer despierto o por la emoción del momento, un poco de cada uno creo yo aunque más del segundo.

Mientras el telón seguía desplegándose, por mi cabeza pasaban imágenes muy rápidamente de todo aquello que uno pasa en cinco años, no dudé en mirar el rostro de quienes me acompañaban y vi la misma emoción y creí saber a qué se debía: el momento había llegado. El esfuerzo de cinco años se iba a ver resumido en una ceremonia de algunas horas de duración en la que estábamos a punto de compartir un evento que duraría para siempre. El telón ya estaba totalmente desplegado y lo que vi sobrepasó todas mis expectativas; un auditorio abarrotado de familiares, amigos, autoridades académicas y equipo logístico, el flash de todas las cámaras hacía parecer el momento como un concierto de las más grandes estrellas del mundo, nosotros éramos el centro de atención. Las fotos eran incesables, confundidas con el despliegue de luces de la empresa organizadora que convirtieron el ambiente en uno digno de eventos de este tipo. Los aplausos ensordecieron el auditorio, era un aplauso que proyectaba aquella energía acumulada de aquellos que toda una vida estuvieron con nosotros y que al parecer habían estado esperando este momento, un momento que no hacía más que enaltecer a cada una de las familias que aquella noche consagraron su presencia en el auditorio del Colegio San Agustín, el mejor de la ciudad para un evento de este tipo, separado con casi un año de anticipación por parte de la comisión.

La ceremonia se fue llevando a cabo, con un cronograma protocolar que suele ser parte de todas las ceremonias de graduación, ya habíamos ensayado casi de memoria que teníamos que hacer y en que parte del evento, por lo que de una manera robótica alzábamos los birretes, los bajábamos, nos sentábamos y  nos parábamos, por un momento creí estar en las misas católicas en la cual suelen pasar este tipo de cosas.

El programa se fue llevando con normalidad, sabía que mi momento estaba cerca, el momento en el que tenía que recitar aquel discurso escrito horas antes, muy temprano en la mañana.

Hacía esfuerzos por tratar de ubicar a mis padres o a mis familiares que seguramente estarían por ahí, pero esos esfuerzos fueron en vano, la cantidad de público asistente me dificultaba un poco la tarea. Ya casi resignado a encontrarlos, por los parlantes oía que mis compañeros que previamente tenían que dirigir sus palabras estaban terminando, recordé el ensayo (digo el porque recuerdo haber ido a sólo uno, el mismo día) y por inercia me puse de pie y baje las gradas hasta ubicarme a un lado del escenario.

No sentí nervios, ni sentí tranquilidad, en realidad no podría decir que sentí. Estaba a escasos minutos de recitar el discurso más importante de mi vida (hasta ese momento), por última vez busqué entre el público a mis padres, no sé si para sentir nervios o para tratar de evitarlos en el caso quisieran emanar. En las primeras filas logré ver finalmente a mis padres, me saludaron con la mirada, correspondí de la misma manera. Mis compañeras me dieron la posta y dirigí mi marcha hacia el podio, en medio del escenario se postraba una mesa de honor con padrinos y autoridades, hice una reverencia (por compromiso) y continué.

Finalmente estaba ahí,                 delante de más de mil personas, de reojo divisé la pantalla gigante que estaba a mi izquierda y me di cuenta de lo cansado que lucía, hice un esfuerzo por componerme y poner mi “mejor sonrisa”, era consciente que el momento sería filmado y seguramente visto por un mayor número de personas que las que ahí se encontraban. No recuerdo que me dijo el maestro de ceremonias mientras acomodaba los 2 micrófonos a la altura de mi cara y probábamos sonido, cuando ya todo estaba listo, empecé.

El discurso estaba programado para cinco minutos, y ese fue el tiempo con exactitud que me tomé para recitarlo, no era muy fanático de leer algún discurso o exposición, pero aquel día era diferente. El buen Alan en su libro nos decía que cuando uno habla sin leer dejas hablar al cuerpo, generas una conexión especial con el público y le haces sentir aquello que tú quieres transmitir, procuré hacer todo eso tratando de no perder las líneas de mi texto, procurando una dicción constante para no perder el ritmo y darle esa musicalización armónica que un discurso debe tener, mi mirada estaba compartida entre mi texto y el público. A medida que iba pronunciando el discurso me daba un tiempo para mirar a todos, era maravilloso, por un momento imaginé como serán aquellos discursos políticos antes miles de personas. Mencioné a Cornejo, a Kennedy, traté de citar a grandes personajes, emplear metáfora y a todo aquello, darle un ritmo. No quería que el momento se acabe, lo disfrutaba de tal manera que creo el cansancio se disipó haciéndome sentir lúcido, pero notaba que las líneas iban llegando a su fin. Acabé mi discurso, los aplausos se escucharon, la cámara me seguía mientras me dirigía nuevamente al centro del escenario para hacer (disculpando el término) esa estupidez de la reverencia ante la mesa de honor (como si ahí estuviesen santos, el santísimo o la Reyna Isabel, de reojo nuevamente vi la pantalla y noté que mi birrete estaba para un lado, lo acomodé y seguí mi camino.

El resto de la ceremonia fue sorprendente, todo perfectamente organizado. Llegó el momento del cambio de borla y creo yo, que ese fue uno de los momentos más emocionantes de la ceremonia. Al compás del sonido de fondo y al movimiento sincronizado de nuestras manos, aquellas “pitas” que colgaban de nuestros gorros representaban el mítico momento en que uno ya es “protocolarmente” un graduado.

La entrega de diplomas fue otro gran momento en el que nuestras dedicatorias eran leídas mientras nos dirigíamos a tomarnos las fotos con los padres y recibir su saludo. En lo personal como parte de la ceremonia le entregué una rosa a mi mamá y le puse la medalla a mi papá, era lo mínimo que podía hacer simbólicamente, ése más que ser mi momento era el de ellos.

Después de ello, llegó el clásico momento en el que todos lanzan sus gorros. A la voz de uno de mis compañeros el momento fue inigualable, los birretes salieron disparados hasta el cielo, hasta la cima que uno busca alcanzar, los efectos, las luces y sonidos hacían que el momento se enaltezca. Llegada la hora de la ceremonia de luces, con nuestras linternas y celulares el escenario oscuro deslumbraba al público con el reflejo de las luces que al compás de la música alegraban el momento.

sábado, 1 de marzo de 2014

CRONICA DE CEREMONIA DE PROMOCION- PARTE I (31/01/2014)

Por Jefferson Valdivia

Viernes 31 de Enero del 2014, 1:00 am. No, aunque muchos pensarán que no dormía por los nervios del día de la ceremonia de graduación, en realidad me encontraba en las instalaciones de un cliente trabajando. No me quejo, auditoría me gusta y cuando algo te gusta las horas durante el día se pasan de una manera descomunal. A pesar de eso, sentía que el sueño me vencía y el cansancio de la semana se estaba acumulando. Mis encargadas me habían dicho que me podía ir temprano, pero me resistí a hacerlo y continué trabajando. 
Alrededor de la 1:30 am me acordé que iba a dar uno de los discursos en la ceremonia y no lo había preparado, reaccioné y hable con mis encargadas y en algunos minutos más el taxi estaba fuera de las instalaciones esperándome para llevarme a casa.

sábado, 1 de febrero de 2014

DISCURSO DE PROMOCIÓN 2013- BODAS DE ORO

Por Jefferson Valdivia

El 30 de Octubre del año 1963, mediante la ley Nro. 14692 se promulgó la creación de la Universidad Nacional Federico Villarreal. Junto con ella se inició un proyecto que funda sus cimientos en aquel deseo de formar profesionales de calidad, profesionales de éxito, profesionales que aporten al país.
Por aquellos pasillos de las facultades, han recorrido miles de personas, todas ellas con el mismo entusiasmo y ganas de aprender, todas ellas con el mismo ímpetu y ganas de salir adelante que los graduandos que el día de hoy han consolidado su presencia en este auditorio.

domingo, 24 de noviembre de 2013

CRÓNICA DE UNA SEMANA DETERMINANTE

Por: Jefferson Valdivia

Era el domingo 16 de Noviembre y luego de haber compartido un día con algunos compañeros de mi promoción en un centro de esparcimiento de Cieneguilla, negligentemente había olvidado de echarme repelente en las piernas y brazos, por lo que las picaduras no se hicieron esperar. Los mosquitos me dejaron sin sangre y parecían disfrutarlo. Para cuando llegué a mi casa, mi situación era desesperante, tenía picaduras por todos lados y me incomodaba a tal punto que sólo quería dormir y no levantarme hasta que se me haya pasado. No soy muy fanático de dormir por muchas horas, pero aquel domingo sólo quería eso. Mis piernas estaban hinchadas y mis brazos mostraban picaduras por todo lado, por un momento consideré la posibilidad de faltar el día lunes al trabajo, no por cansancio sino porque no podía continuar así. A pesar de ello, me sobrepuse a la incomodidad y fui a trabajar sin esperar lo que sucedería.

 

domingo, 27 de octubre de 2013

VOLVER AL PASADO (CAPITULO 17)


Aquel día recuerdo que hacía frío, en toda mi vida he sido una persona que disfruta del invierno más que cualquier otra estación del año. La ciudad luce tranquila, las calles calmadas y la gente parece andar por ahí sin el bochorno que en verano no lleva a otra cosa que poner de malhumor a las personas, desde mi óptica.
Mi madre me había dicho que quería salir a comprar, era un sábado y pretendía que la acompañe a ver algunas cosas para la casa. A pesar de que no disfruto mucho de ir de compras, algunas veces había ido con ella haciendo esfuerzos por tratar de no impacientarme. Siempre he sido de los que va a un lado, compra y se va, no entro en detalles. Aquel día me disculpe con ella, excusándome por tener que salir a otro lado. Ella solía respetar mis espacios y cuando tenía algo que hacer, me dejaba hacerlo.
Ese día lo tomaba como un día más, no pretendía que las cosas cambien mucho, iría con Jessica por el centro de Lima y seguramente pasaríamos el tiempo conversando y de ahí cenaríamos como algunas veces lo habíamos hecho.
Me alisté y aunque me sentí mal por dejar que mi madre vaya sola a comprar, ya que mi hermano tenía un ensayo con su banda, ella lo tomó con normalidad y eso por lo menos me quitó un poco más el cargo de conciencia.